Han sido horas de locura.
Estados Unidos primero bombardeó posiciones iraníes dos días seguidos.
Después canceló él mismo los ataques que ya tenía programados.
¿La razón? Las pláticas con Irán llegaron a la cúpula del régimen y, según Trump, ya hay trato para el fin de la guerra.
Lo que siguió a las declaraciones era de esperarse: los mercados se volvieron absolutamente locos.
Bastó un mensaje en Truth Social para que Wall Street armara su mejor día en dos meses. El Dow subió casi 2%, el S&P 500 ganó 1.5% y el Nasdaq se disparó.
Del otro lado, el petróleo hizo lo contrario: el WTI cayó casi 3%, a unos 85 dólares por barril, y el Brent bajó a 90 dólares.
Traducción: Trump volvió a hacer lo que mejor le sale, mover los mercados con un par de cientos de caracteres.
¿Y esto qué tiene que ver contigo? Ahí te va, fácil.
México importa buena parte de su gasolina. Cuando el crudo sube, no lo sientes en la bomba: el gobierno topa el precio y se come la diferencia perdonándote parte del IEPS, el impuesto que carga cada litro.
¿Sabes cuándo se publica si el IEPS se cobrará completo y cuánto pone el gobierno de cada litro? Todos los viernes. O sea, hoy toca.
¿Y luego?
Para ti, inversionista: como viste, los mercados se volvieron eufóricos con un alto al fuego. Por más frágil que parezca.
Como contribuyente: si el crudo se enfría por el repliegue de Trump, Hacienda respira: menos subsidio que cubrir y menos presión sobre la inflación.
Si llevas la despensa: recuerda que un diésel más barato ayuda a frenar el precio del súper. Comestibles e insumos suelen ser transportados en camiones que usan diésel.
Si manejas o tienes flotilla, el barril a la baja aleja el gasolinazo de verano. Siempre y cuando la guerra sí pare.
¿Ya viste por qué todos revisan el precio del barril de petróleo como quien revisa el VAR?
O, a estas alturas, cómo va la quiniela del Mundial. Todo cambia sin previo aviso.


