Calma: eso no quiere decir que ya no existe.
Quiere decir que Estados Unidos quiere le echará ojo cada año.
¿Te acuerdas? México y Canadá aplicaron un “¿y si sí?” y dijeron que querían renovar de jalón hasta 2042. Pero Estados Unidos ya cantó que no.
Ojo que el T-MEC sigue vivo hasta 2036, mientras nadie se salga. Lo que cambió es el calendario. En vez de un sello por 16 años, ahora es un examen anual.
¿Y eso por qué nos importa? Por una sola palabra: incertidumbre.
Las cadenas de suministro se arman pensando a 30 años, no a 12 meses. Si cada año hay que volver a sentarse a negociar, la empresa que iba a poner una planta en Nuevo León mejor se espera "a ver qué pasa". Y ese "a ver qué pasa" es justo lo que congela la ola de inversión que tanto presumimos.
El tamaño de lo que está en la mesa:
El comercio entre los tres países pasó de 1 billón de dólares en 2020 a 1.6 billones en 2024.
Juntos son casi un tercio de la economía mundial.
Más del 80% de lo que México exporta va a Estados Unidos. No tenemos plan B, tenemos un solo cliente gigante.
Y ojo, que "libre comercio" es un decir. El 86% ya cruza sin aranceles, cierto, pero seguimos pagando 50% por el acero y el aluminio y 25% por los autos.
¿Y las reacciones?
La Asociación Mexicana de la Industria Automotriz ya dijo que esto será un golpe.
Concanaco anda optimista y dijo que las revisiones no ahuyentarán las inversiones.
¿Y luego?
Si exportas o manufacturas, tu problema ya no es un arancel suelto, es no poder planear. Con revisión cada año, meter capital a una planta nueva se vuelve apuesta, no cálculo.
Si esperabas la ola de nearshoring, mala noticia: necesita certeza a 30 años y le acaban de dar visibilidad de 12 meses.
Próxima parada: reunión el 20 de julio para aclarar cómo serán las revisiones.
Resulta que el libre comercio siempre tuvo letras chiquitas. La novedad es que ahora nos toca leerlas cada año.


