Hay una línea en medicina: la IA no ve pacientes ni receta.
Esa línea no existe más en Utah.
El estado lanzó un programa piloto que permite a una Inteligencia Artificial renovar recetas sin que un humano intervenga.
Es único en su tipo. Potencialmente el primero del mundo.
¿Cómo funciona?
La startup detrás del sistema es Doctronic. Su sistema evalúa al paciente y autoriza el resurtido de recetas con un catálogo de hasta 190 medicamentos para enfermedades crónicas.
Son solo pacientes que ya han sido diagnosticados antes.
Quedan fuera los fármacos delicados (opioides, TDAH).
Y el costo es ridículamente bajo: 4 dólares por consulta.
Pero aquí viene lo verdaderamente inédito: si no hay humano, ¿a quién demandas?
El software tiene su propia póliza de negligencia médica. Es histórico: la responsabilidad legal ya no recae sobre una persona con bata blanca, sino sobre el código y su aseguradora.
Lo que nos lleva al dilema real: la empresa presume una precisión del 99.2%. Suena genial... hasta que piensas en ese 0.8% de margen de error.
¿Por qué te importa?
Porque es una balanza brutal entre acceso y seguridad.
El lado optimista: La IA remueve barreras, baja costos y le quita carga burocrática a los doctores reales.
El lado cínico: Estamos validando la medicina de bajo costo donde se acepta un margen de riesgo automatizado a cambio de pagar menos.
La realidad: Esto es solo el experimento inicial. Doctronic ya está en charlas para llevar el modelo a Texas, Arizona y Missouri. La puerta se abrió en Utah, pero el objetivo es la aprobación nacional.


