La industria de la comida rápida tiene una nueva pesadilla.

No es la inflación. Es una inyección.

Un nuevo estudio de la Universidad de Cornell acaba de confirmar lo que muchos sospechaban: medicamentos como Ozempic y similares están cambiando lo que la gente compra en el súper.

En cuanto alguien en Estados Unidos empieza el tratamiento, el gasto en comida chatarra se desploma:

  • Comida rápida: cae un 8.0%.

  • Snacks: el gran perdedor; la venta de papitas y botanas se hunde un 10.1%.

  • El ganador: curiosamente, yogurt es algo que más se compra. Me dieron ganas de comprar acciones de Danone.

Ojo: McDonald’s y compañía están perdiendo ventas no solo por inflación. Ahora también están perdiendo a sus mejores clientes.

Los usuarios de estos fármacos suelen ser de ingresos altos (los que pueden pagar el tratamiento y antes pagaban los combos grandes sin ver ni el precio).

Los medicamentos contra obesidad no están solo disminuyendo tallas, también el ticket de una industria.

¿Qué sigue?

La industria tiene una última esperanza: la falta de disciplina.

El estudio reveló que el 34% de los usuarios abandona el tratamiento.

El consumo de dulces y chocolates no solo regresa, sino que se dispara un 11.4% por encima de lo normal.

El modelo de negocio de la comida chatarra ahora tiene una nueva variable:

Esperar a que usuarios se cansen de inyectarse.

Si me preguntas a mí, la oportunidad millonaria está a la vista de todos: un yogurt griego... pero con sabor a hamburguesa doble con queso.

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