Respiramos.

Los pronósticos decían que íbamos directo al hoyo, pero INEGI publicó los datos preliminares y, aunque no hay fiesta, al menos no hubo tragedia.

El dato: la economía mexicana creció apenas un 0.7% en 2025. Es, oficialmente, el desempeño más flojo desde que el COVID-19 nos mandó a todos a ver Netflix en 2020.

Para que dimensiones: en 2024 crecimos 1% y en 2023 un 3.3%. En otras palabras, vamos en cámara lenta y con el freno de mano puesto.

El salvavidas: fue el cuarto trimestre. Con un avance del 0.8%, el cierre de año nos salvó de hilar dos trimestres en negativo (lo que en el barrio financiero llamamos recesión técnica). Fiu.

Los héroes del trimestre:

  • Servicios y Comercio: Crecieron 0.9% y son el motor que no se apaga. Representan el 65% de la economía; básicamente, tus idas al cine y el súper de la semana mantienen al país a flote.

  • Construcción: Avanzó también un 0.9%. Parece que las revolvedoras de cemento finalmente despertaron.

  • El villano: El sector primario (campo y pesca) se desplomó un 2.7%. Entre el clima y la volatilidad, la agricultura fue el ancla del año.

El problema: la inversión fija lleva 14 caídas consecutivas, así que los empresarios están en modo hibernación por la incertidumbre política y la sombra de los aranceles de Trump.

¿Qué sigue?

La apuesta es que nos va a ir mejor y que superaremos el bache.

Analistas de Banorte, BofA y Moody’s dicen que en 2026 haremos entre 1.2% y 1.8%.

Las razones son simples: el Mundial de Futbol y el Plan México. Si resulta, el “nearshoring” dejará de ser una palabra de moda y se volverá flujo de caja.

Si eso falla, siempre podemos exportar nuestra capacidad de vivir al límite con un crecimiento de menos de un punto.

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