No es dramatismo, es estadística.

El desempleo cerró 2025 con un mínimo histórico de 2.3%. Es el menor desde que comenzó el registro en 2005.

Y es increíble. Solo hay un problema. Checa:

  • El empleo formal perdió 104,000 plazas.

  • La informalidad fue la ganadora absoluta: sumó 1.16 millones de personas.

  • El dato incómodo: de cada 1,000 empleos nuevos, 996 fueron para hombres. El mercado laboral femenino se metió al congelador.

La señal de alarma viene de la manufactura. La supuesta joya del nearshoring recortó un cuarto de millón de empleos.

Traducción: la economía cambió ingenieros de planta por comerciantes informales.

¿Por qué importa?

Ojo si vendes hipotecas, autos o seguros.

El empleo informal genera liquidez diaria para gastar, pero no genera historial crediticio para endeudarse a 20 años. Los bancos y tiendas departamentales (tipo Liverpool) van a sufrir para colocar tarjetas.

Los ganadores: el dinero se va al consumo inmediato. Esto es música para los oídos de retailers de descuento (Bodega Aurrera, 3B, etcétera) que tienen todo para aventajar sobre tiendas departamentales que dependen del crédito al consumo.

Y la alerta: estamos moviendo gente de sectores de alto valor (fábricas, empresas) a sectores de bajo valor agregado (servicios básicos).

El dato confirma que la gente en México es imparable: si no hay trabajo, se lo inventa. Pero ojo con el espejismo: estamos celebrando que muchísima gente esté ocupada, no que las condiciones laborales estén mejorando.

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