Primero fueron los súper de Francia, hace unas semanas.

Luego, el lunes, los de seis países más de Europa.

Y ese mismo lunes, ahora nos enteramos, la ola llegó a las cámaras frías donde Francia guarda sangre y plasma antes de mandarlos a hospitales.

Alguien les subió a distancia los límites de temperatura y de descongelado en tres sitios del banco de sangre público. El hackeo fue a uno de sus proveedores de refrigeración, que opera esas cámaras.

La buena noticia: las alarmas saltaron rápido, las muestras se fueron a otras instalaciones y no se perdió ni una bolsa.

La mala: ya no van solo contra el súper.

Del otro lado del Atlántico, el Pentágono ya trata como posible hackeo las fallas que tuvieron en agosto los congeladores de los supermercados de seis bases militares de Estados Unidos, donde compran los soldados y sus familias. Según Reuters, ya coordina la investigación con las autoridades francesas.

¿Cómo le hicieron?

Del caso de la sangre no se sabe. En el de los súper franceses, investigadores de seguridad apuntaron a controladores de Danfoss conectados directo a internet que ya no recibían actualizaciones de seguridad.

Nadie se ha adjudicado los ataques.

¿Qué significa para ti?

Si tu negocio depende del frío (súper, restaurante, farmacia, bodega): pregúntale a tu proveedor si el panel de tus refrigeradores está en internet y si todavía recibe actualizaciones.

Si estás en salud: al banco de sangre francés lo salvaron sus alarmas y tener a dónde mover las muestras. Vale la pena probar que las tuyas sí suenen.

Si compras equipo para tu empresa: hasta un refrigerador tiene fecha de caducidad, la del día en que el fabricante deja de actualizarlo.

Y uno preocupado por la puerta del refri mal cerrada.

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