Ningún presidente lo puede negociar. Ningún banco central lo puede frenar.
Y acaba de formarse en el Pacífico.
Se llama El Niño. Y esta vez no es un tema del clima, es un tema de precios.
¿Por qué te importaría un fenómeno del mar? Porque cuesta una fortuna. Los dos episodios más parecidos a este, en magnitud, son los de 1982 y 1997.
Esos le costaron a la economía mundial 4.1 y 5.7 billones de dólares en ingresos perdidos durante los siguientes cinco años.
Y los pronósticos dicen que este viene de los grandes: la NOAA (la agencia del clima de Estados Unidos) le da 63% de probabilidad de ser muy fuerte.
¿Cómo llega del mar a tu cartera?
Checa:
El Niño calienta el Pacífico y desordena las lluvias de medio mundo: seca donde debería llover, inunda donde no. Cosechas arruinadas y barcos varados.
Pega por dos frentes:
La comida. Le pega al trigo, al maíz y al arroz. Bloomberg calcula que un evento fuerte sube hasta 7% los precios globales de los alimentos básicos.
El transporte. Seca los canales. En 2023, según el Peterson Institute, una sequía dejó el Canal de Panamá en mínimos históricos y obligó a recortar el tránsito de 36 a 24 barcos al día.
Y no llega solo. Aterriza justo encima de los precios que dejó la guerra de Irán, con el fertilizante todavía caro.
¿Y México?
Los especialistas climáticos ya prendieron la alerta. En riesgo: maíz, trigo, sorgo, aguacate y la ganadería. El norte lo va a sentir como sequía; el Pacífico, como más huracanes.
Ojo con que en algunas cosas hay cero blindaje. Por ejemplo: producimos apenas 44% del maíz que consumimos y 28% del trigo.
El resto lo compramos afuera, al precio que marque el mundo y las condiciones climáticas.
Si exportas aguacate o frutos rojos, el golpe no es de precio, es de volumen: menos agua, menos cosecha que mandar.
Resulta que la economía global tiene un socio que nadie contrató y que nunca contesta los correos: el clima.


