Suena a lo contrario de lo que nos vendieron. Pero los datos acaban de salir.
ActivTrak, software de productividad, midió a 9,140 trabajadores en 467 empresas entre abril y septiembre. Checa la radiografía:
Los que usan IA trabajan de 8.4 a 9.1 horas al día.
Los que no la usan: 7.6 horas.
Hasta 90 minutos extras al día.
Los más intensivos (45+ minutos de IA diarios, en 5+ sesiones) tienen 22% menos concentración continua: 38 minutos por sesión contra 48 de los usuarios ligeros.
La pregunta: ¿por qué?
Dos explicaciones que no se cancelan:
Lectura 1 (la buena): la gente trabaja más porque quiere. La IA quita lo tedioso (correos, formatos, resúmenes) y deja la parte que prende. Uno se queda más. Por gusto.
Lectura 2 (la mala): les están exigiendo más. Si la IA hace rendir más por hora, el jefe no devuelve esa hora en libertad: sube la cuota.
¿Las dos a la vez? Sí. Un estudio etnográfico de Berkeley Haas en una empresa de 200 personas lo documentó: empezó como entusiasmo voluntario y en meses se volvió requisito.
Para contexto en México: el Microsoft Work Trend Index 2026 dice que 67% de los usuarios mexicanos de IA hoy hace trabajo que no podía hace un año; solo 28% ve que el liderazgo rediseñe algo.
¿Qué significa esto?
Para quienes usan IA en su trabajo: la pregunta no es cuánto tiempo te ahorra, sino qué haces con él. ¿Terminas antes o aceptas más tareas?
Para empleados: si cada vez produces más gracias a la IA, cuidado con que esa productividad se convierta en la nueva expectativa mínima de tu puesto.
Para empresarios: el cómo se usa la IA y si de verdad aumenta productividad está en investigación. Hay que generar una estrategia para saberlo.
Pensamos que la IA sería un empleado nuevo. Resultó ser un cliente nuevo: siempre quiere más.


