No. No es 28 de diciembre.
Los analistas perdieron la apuesta, pero tú ganaste.
Se esperaba que la inflación cerrara el año presionada, pero el dato oficial sorprendió a todos: 3.69% anual en diciembre.
Es el nivel más bajo para un cierre de año desde 2020. En el papel, los precios se enfriaron más rápido de lo calculado.
Un momento: ¿por qué mi cartera no opina lo mismo?
El secreto está en el campo. Ajá, las cosas subieron de precio, pero el promedio se calmó porque el clima de 2025 fue benévolo y nos ahorramos las sequías serias. Checa los héroes del día y queda claro:
Frutas y verduras: Tuvieron deflación (-5.62%). Al haber lluvia, hubo cosecha y los precios cayeron.
Energéticos: Gasolina y electricidad se mantuvieron bajo control.
Pero el verdadero dolor de cabeza sigue ahí: la subyacente (cosas menos volátiles como mercancías y servicios) cerró en 4.33%.
Cosas que sufrieron fuerte:
Educación: +5.82%
Comer fuera (fondas/tacos): +5.11%
Alimentos procesados: +5.22%
Disfruta el dato de diciembre, porque enero de 2026 ya trajo la factura. Desde el día 1, entraron en vigor tres golpes simultáneos:
IEPS: El impuesto al refresco subió a 3.08 pesos por litro y los cigarros pagan más.
Aranceles: Los nuevos impuestos a productos de China y otros países.
Salario mínimo: El aumento anual que presiona los costos laborales.
¿Y ahora qué?
Banxico jura que estos aumentos (especialmente los aranceles) serán transitorios. Creen que será un brinco de una sola vez en enero y luego todo se calmará.
Pero la historia nos enseña que cuando los precios suben, rara vez vuelven a bajar.
En la práctica; la coquita y los tacos ya cuestan más que el año pasado.
Si lo veo por el lado amable, al menos eso quiere decir que enero es un gran mes para ponerme a dieta.


