Lo que estaría por firmarse el viernes es un acuerdo para reabrir el Estrecho de Ormuz.
No la paz.
¿Qué significa?
Es un alto a la guerra más 60 días para negociar lo difícil, con los términos todavía bajo llave. Nadie los sabe, todavía.
Igual el mercado se emocionó. El crudo se desplomó a su nivel más bajo desde marzo y entonces esto pasó:
Brent, la referencia mundial, se fue a 83 dólares el lunes. Casi 5% abajo.
WTI, el de Estados Unidos: 80 dólares, otro 5% abajo.
Las bolsas de allá saltaron y el Nasdaq cerró 3% arriba.
El detalle incómodo es que nadie ha visto el acuerdo completo. Es un documento de página y media que no se hará público hasta después del viernes, así que por ahora el mundo está reaccionando a un resumen.
Y lo que falta por aclarar es casi todo:
Cuándo abre de verdad el Estrecho de Ormuz. Trump dice que el viernes. Sus propios funcionarios dicen que dos semanas. En la misma conferencia de prensa se contradijeron.
Si cruzarlo costará. Esto es súper importante. Trump promete paso gratis de por vida; Irán ya avisó que cobrará cuotas por servicios. Si Irán cobra peaje, ahí te encargo la inflación.
Qué pasa con lo nuclear y las sanciones. Eso, lo más espinoso, se pateó 60 días para adelante. Ni el uranio iraní ni los 24,000 millones de dólares congelados tienen destino claro.
¿Qué significa?
Los mercados ya pusieron el dinero sobre la mesa apostando a esta tregua.
El petróleo para abajo y las bolsas para arriba mueven desde el precio de los energéticos hasta el rendimiento de tu Afore, que vive justo de cómo se comportan esas bolsas.
El alivio del lunes es real. Pero aguas que está parado sobre un acuerdo de 60 días, con letra secreta y firmantes que dicen cosas contrarias.
Si se cae, todo se regresa: el petróleo rebota y el susto vuelve a los mercados.
Ahora resulta que el papel que detendría una guerra es más corto que el contrato que firmas para estrenar teléfono.


