Nos la pasamos hablando de IA en la chamba y resulta que no hemos volteado a ver a otros lados.

Pues resulta que el 87% de la gente que arma campañas políticas en Estados Unidos ya usa IA. Todos los días. Checa lo que encontró el Times:

  • Hay casi 100 herramientas distintas solo para campañas: redactar mensajes personalizados y ordenar bases de millones de votantes.

  • Mandan voluntarios a tocar puertas, graban en una app lo que dijo cada vecino, y una IA junta cientos de esas charlas para armar el mapa de qué le preocupa a la gente. Después le devuelve a cada quien el mensaje exacto que lo convence.

  • Un grupo escarbó con IA las finanzas de 250 candidatos del bando contrario, buscándoles algo raro.

  • Una campaña tiró a la basura todo el software que pagaba (apps de territorio, sistemas de llamadas) y lo reemplazó con versiones caseras. Las programaron tres personas.

Tres personas con laptops hicieron el trabajo de toda una industria de proveedores.

¿Y lo presumen? Al revés, lo esconden, según el New York Times. Pues porque a los votantes no les suele caer bien el tema de la IA.

¿Por qué importa?

Porque México no ha tenido elecciones federales con la IA como la conocemos.

Es un ensayo de lo que podría pasar acá.

Pero ojo: de aquí a 2030 hay urnas de sobra. En 2027 viene la de 17 gubernaturas el mismo día, toda la Cámara de Diputados y más de mil alcaldías. Es la elección más amplia antes de la presidencial de 2030.

Y ahí deja de ser tema de tecnología y se vuelve de negocio.

Armar campañas es una industria: encuestadoras, casas de datos, agencias de publicidad, consultores que cobran millones. Si tres personas con IA hacen el trabajo de toda esa cadena, esa industria sentirá el golpe.

La misma historia de los call centers y de cualquiera que cobre por procesar información.

Y ya. Que no cunda el pánico. Seguimos siendo de tech y negocios, solo que hoy el negocio traía forma de boleta electoral.

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