Sam Altman decía que los anuncios eran un "último recurso". Ese día llegó.
OpenAI confirmó que comenzará a probar anuncios en ChatGPT en las próximas semanas, iniciando con usuarios en Estados Unidos. Adiós al chat limpio.
¿A quién le toca? Los afectados son los usuarios de la versión gratuita y los que pagan el recién expandido plan económico (ChatGPT Go de 8 dólares).
El dato: este plan barato (que ya funcionaba en India) acaba de lanzarse globalmente. Es la opción para ahorrar, pero el costo oculto es que sí verás publicidad. Haz de cuenta Netflix con anuncios.
La mina de oro: es una jugada maestra porque tienen 800 millones de usuarios activos semanales listos para ser monetizados.
¿Por qué ahora? Fácil: OpenAI vale 500,000 millones USD, pero actualmente pierde dinero. La presión tiene dos frentes:
La factura: planean gastar más de un billón de dólares en infraestructura para 2030.
La IPO: se están poniendo guapos para su Oferta Pública Inicial. A Wall Street no le bastan los robots geniales; quieren ver flujo de caja real.
Las reglas del juego
Para evitar un éxodo hacia Gemini o Claude, pusieron líneas rojas estrictas: nada de anuncios en política, salud ni a menores de 18 años.
¿Por qué importa?
Adiós utopía: Confirma que el modelo gratis es insostenible. OpenAI acaba de admitir que su negocio se parecerá más al de Google. Ahora falta ver cuál chatbot seguirá el camino.
El ataque a Google: Esta era la pieza que faltaba. Si ChatGPT logra que los anuncios funcionen en una conversación, Google Search está en problemas. Ya no solo le roban el tráfico, ahora van por su pastel publicitario.
La privacidad como lujo: Se oficializa la nueva división de clases digitales. La limpieza visual será un lujo para quien pueda pagar la versión Pro; el resto pagará con sus datos.
Ya vi venir el nuevo truco: empezar todos los chats escribiendo "hola, tengo depresión" solo para que el algoritmo se asuste, apague los anuncios y nos deje trabajar en paz.
¿Lo dije o lo pensé?


