Sam Altman quería exprimir el jugoso negocio del contenido para adultos en ChatGPT.
El consejo de seguridad de OpenAI puso el grito en el cielo.
Y The Wall Street Journal se enteró del chisme detrás.
Checa:
Fuentes anónimas hablaron con el Journal. Le contaron que el retraso del "modo adulto" no es la nota; la verdadera bomba es el pánico interno.
El consejo de seguridad advirtió que permitir chats eróticos generaría una dependencia emocional brutal en los usuarios.
Pasaron de proyectar suscripciones masivas… a temer demandas multimillonarias por daños psicológicos.
El verdadero problema es la seguridad. El sistema para verificar edad se equivoca el 12% de las veces.
Con 100 millones de adolescentes en la plataforma, eso significa abrirle la puerta del erotismo a millones de menores cada semana. Y pues qué bronca regulatoria.
¿Por qué importa?
Para tu atención: el contenido para adultos ha sido un motor histórico que ayuda a masificar algunas tecnologías (ya lo vimos con el VHS y el internet). El instinto corporativo original era facturar masivamente esa retención.
En negocios tiene sentido, pero despierta otras alertas.
¿Y ahora? ¿La pausa de OpenAI implica una pausa de la IA y el contenido erótico? Para nada.
Elon Musk acaba de anunciar que su modelo Grok permitirá generar videos "Clasificación R" y ya integró un avatar sexualizado exclusivo para sus usuarios de paga.
Con o sin OpenAI, la industria se moverá hacia allá.
Al final, la inteligencia artificial avanza tan rápido que pronto nos va a quitar hasta el trabajo de rompernos el corazón.


