Enseñarles a los robots a doblar ropa

Para entrenar a ChatGPT, bastó con alimentarlo con todo el texto de internet.

Para entrenar robots humanoides, las empresas necesitan algo que no existe en ningún servidor: millones de horas de video de manos humanas agarrando vasos, doblando sábanas, abriendo puertas.

Y ese es un negociazo.

MIT Technology Review trae la historia: Micro1, una startup de Palo Alto, reclutó miles de personas en más de 50 países para que se monten un iPhone en la cabeza y se filmen haciendo quehaceres.

Paga 15 dólares la hora. En Nigeria e India, es buen sueldo.

Lo incómodo: nadie sabe cómo se usarán sus grabaciones ni quién las compra. Micro1 no revela clientes.

Ese es el modelo gringo. China fue por otro lado: infraestructura estatal.

En naves industriales del gobierno hay trabajadores que se ponen cascos de realidad virtual y trajes con sensores. Ahí hacen labores como agarrar una taza y, a un lado, hay un robot humanoide replicando el movimiento en tiempo real.

Cada giro de muñeca, cada presión de dedos, queda registrado.

El gobierno chino financia estos centros como infraestructura pública y comparte los datos con toda su industria robótica. En EE.UU., cada empresa guarda los suyos.

¿Y México?

Réflex Robotics, fundada por egresados del MIT, abrirá la primera fábrica de robots humanoides en América Latina, en Nuevo León.

No es maquila: fabricarán el 100% de los componentes ahí. Y desde Monterrey operarán remotamente robots en fábricas de Estados Unidos. Nearshoring de operación robótica.

¿Qué significa para ti?

Si tienes planta, estos robots van a llegar a tu piso de producción. Si inviertes en tech, el cuello de botella no es el hardware, es conseguir horas de movimiento humano grabado.

Quien controle esos datos controla la industria. Con el texto ya pasó. Ahora pasa con las manos.

Comper, me voy a hacer un café. Grabándome las manos, claro.

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