En la primera quincena de marzo, la inflación se disparó a 4.63% anual. Eso no pasaba desde octubre de 2024. Hace casi año y medio.
Es la peor lectura para una primera quincena de marzo en al menos una década. Y viene acelerada: en febrero estábamos en 4.02%.
Agárrate: la no subyacente, es decir, el numerito que mide las cosas más volátiles (como la comida y los energéticos), ya rebasó el 5%.
Tres frentes están empujando al mismo tiempo.
Primero, la mesa. Las frutas y verduras volaron casi 24% en tasa anual. Los datos duros del encarecimiento:
Jitomate: +32.17%
Transporte aéreo: +21.86%
Limón: +13.11%
Pollo: +3.18%
Electricidad: +2.17%
En contraste, las caídas que le dan un micro respiro a la cartera:
Nopales: -5.49%
Paquetes de internet y TV: -3.47%
Huevo: -1.33%
Segundo, el tanque. La guerra en Irán ya se siente en la bomba de gasolina. Magna, Premium y diésel llevan semanas subiendo con el crudo arriba de 100 dólares.
Tercero, el IEPS. El aumento impositivo de inicio de año a refrescos y cigarros sigue pesando. Alimentos, bebidas y tabaco acumulan una inflación anual de 5.91%.
¿Por qué importa?
Que suba la inflación con tanta fuerza le mete presión no solo a tu bolsillo y al mío, sino también a Banco de México. Mañana, jueves, decidirá si recorta o deja igual la tasa.
Y eso nos importa a todos.
Si Banxico recorta la tasa, el crédito se abarata. Hay más dinero en la calle, la gente gasta más y esa euforia empuja los precios hacia arriba. Eso es echarle gasolina a la inflación.
Si mantiene la tasa alta, el dinero se vuelve caro. Te quitan las ganas de pedir prestado para asfixiar el consumo. Forzaría a que los precios bajen, aunque eso frena el crecimiento del país.
Ya lo viste: entender de inflación y de tasas es como tener una bola de cristal. Mañana se terminará por aclarar el panorama.
Pero hey: al menos los nopales bajaron. México encuentra consuelo en los lugares más inesperados.


