2025 cerró con casa llena en el mercado laboral y un récord que se ve muy bien en las gráficas del INEGI.

Somos casi 60 millones de personas con ocupación.

Esa es una gran noticia.

La bronca está en las letras chiquitas.

El récord: alcanzamos los 59.8 millones de personas ocupadas. Es el nivel más alto de nuestra historia y un crecimiento de casi 300,000 personas en un año.

Desempleo de envidia: la tasa bajó al 2.5%. En teoría, casi todo el que quiere trabajar, encuentra algo.

La brecha: el crecimiento no fue parejo. Mientras 368,000 hombres se sumaron al ruedo, 70,000 mujeres salieron.

Sueldos de subsistencia: 3 de cada 4 mexicanos ganan hasta dos salarios mínimos (casi 19,000 pesos al mes). El piso subió por decreto, pero el techo sigue estando bajito para la mayoría.

Y el detalle peligroso: la informalidad anda en 55%.

¿Por qué importa?

El aumento de trabajadores por cuenta propia no es porque todos quieran ser su propio jefe y leer a Steve Jobs; es porque las empresas formales, ante el costo de la nómina y las reformas, están cerrando la llave de las contrataciones tradicionales.

Eso es un problema grande y para todos.

Con la informalidad al alza, la base fiscal de México se vuelve como una mala tortilla: frágil y sin aguante. El sistema de pensiones tiembla de miedo.

Impacto en consumo: Para empresas como Alsea (Starbucks, Domino's) o Walmart de México, esto es agridulce. Hay mucha gente ocupada y eso suele significar que la gente gasta, pero la falta de seguridad social frena el consumo de largo plazo y el crédito.

México es ese amigo que presume tener tres trabajos, pero sigue viviendo con sus papás porque ninguno le da para el Infonavit.

La buena noticia es que hay chamba; la mala es que la jubilación cada vez se ve más lejos.

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