México firmó para ser aliado de Estados Unidos en minerales críticos.
Es el inicio de un frente unido para que América del Norte deje de depender de China en la fabricación de tecnología avanzada.
Pausa: ¿Qué es eso de minerales críticos?
Es el nombre elegante para las materias primas que hacen que tu vida moderna no se apague. Sin ellos, no hay transición verde, ni smartphones, ni misiles.
¿En qué somos ricos? México no está aquí por buena vecindad, sino por inventario estratégico:
El dato descomunal: somos el segundo productor mundial de fluorita. EE. UU. depende tanto de nosotros que casi el 74% de sus importaciones vienen de una sola mina en San Luis Potosí. Somos su farmacia de insumos básicos.
El pulmón de Sonora: el estado aporta el 70% del cobre nacional. Sin nuestro cableado, la electrificación gringa es puro sueño guajiro.
El gigante dormido: hay más de 160 proyectos mineros atorados en trámites. Si este pacto abre el candado burocrático, liberaríamos miles de millones de dólares que hoy son solo piedras con potencial.
La pregunta es ¿por qué ahora? Porque Pekín controla el 70% del procesamiento global. Washington entendió que si hoy se pelea con China, mañana no tiene cómo fabricar ni un sensor para un Ford.
¿Qué sigue? El 16 de febrero llega una delegación de Canadá para amarrar un bloque trilateral. El objetivo: que el T-MEC sea de soberanía mineral, no solo de coches y tomates.
¿Por qué importa?
Soporte al peso: en 60 días habrá un plan de inversión que atraería flujos masivos de inversión extranjera directa.
Ficha de cambio: México gana una posición de poder inédita para la renegociación del T-MEC en 2026.
El dilema LitioMx: La apuesta por el monopolio estatal pende de un hilo. Para no chocar con el plan gringo, lo más probable es que evolucione a asociaciones público-privadas.
Si esto funciona, pasaremos de exportar crudo a tener los ingredientes de la receta del futuro. Al paso que vamos, pronto será más fácil encontrar un gramo de neodimio en Sonora que una cita rápida en el SAT.


