Hasta suena raro que se diga que algo relacionado con Pemex es una buena noticia.
La petrolera más endeudada del mundo disminuyó su deuda 13% respecto a 2024.
Importa por algo simple: esa deuda la pagamos todos.
Checa la radiografía:
El torniquete financiero: la hemorragia paró. Las pérdidas anuales cayeron a "solo” 45,200 millones en 2025 (veníamos de unos espantosos 780,600 millones en 2024). En simple: las pérdidas anuales se redujeron 94%.
La dieta de deuda: Gracias a una reestructura agresiva con Hacienda, su deuda total en dólares bajó un 13% frente al año pasado. Oficialmente es su nivel más bajo en 11 años.
Las máquinas prendidas: El Sistema Nacional de Refinación despertó. Procesaron 1,136 millones de barriles diarios en el cierre del año, un salto del 44.4% anual.
El mercado perdona: Fitch y Moody's les subieron la calificación, según Pemex.
¿Por qué importa?
Porque Pemex es el riesgo sistémico más grande para las finanzas públicas de México.
Respiro fiscal: Menos pérdidas operativas significan que el gobierno federal tiene que exprimir menos de tus impuestos para mantener a flote al gigante estatal.
Liquidez en la calle: Pemex destinó 582,000 millones de pesos para pagar a proveedores y contratistas. Ese dinero destraba cadenas de pago, salva nóminas y revive a miles de empresas mexicanas que estaban asfixiadas por los adeudos.
Chance te tocó a ti (ojalá).
Pero no hay que cantar victoria. La empresa refina más, vende más fertilizantes y reduce costos, pero la producción de crudo cayó 7% en un año.
Al final, Pemex es como ese amigo mala copa que lleva un mes sobrio, armando nuevos negocios y pagando lo que debe; le aplaudimos de pie el esfuerzo, pero todavía nos da nervio prestarle las llaves del coche.


