Crecimiento negativo es uno. El otro es inflación al alza.
Y cuando eso se junta, los economistas le llaman estanflación. Y los datos de los últimos dos meses la están dibujando.
Los números, tal como los presenta Luis Miguel González en El Economista:
Actividad económica: -0.9% en enero. Es el peor inicio de año desde la recesión de 2009 como notaron en Bloomberg Línea, cuando la crisis financiera global y la influenza AH1N1 pegaron juntas.
Primer trimestre cerraría en -0.3%, según estimaciones de Banamex.
Inflación: 0.62% solo en la primera quincena de marzo, cuatro veces más que el mismo periodo del año pasado (0.14%).
En cinco quincenas de 2026, los precios ya acumulan 1.50%.
Puro número malo.
¿Y ahora?
No todo está perdido. Hay fuerzas jalando en direcciones opuestas.
Del lado que empuja los precios: diésel y gasolina premium subieron casi 10% por la guerra en Medio Oriente. Fertilizantes acumulan 20% de incremento y pesan entre 30% y 35% de los costos del campo.
Del lado que puede reactivar: el Mundial está en puerta. Según BBVA México, el torneo aportaría 0.3 puntos al crecimiento del PIB, con una derrama estimada en 2,730 millones de dólares según Deloitte. De puro músculo económico pambolero.
La pregunta es qué pesa más en el mix. Ahí está la respuesta a si México entra en estanflación o solo está pasando un muy mal trimestre.
¿Por qué importa?
Si tienes negocio, ya lo estás viviendo: tus insumos suben por el IEPS, los fertilizantes y el diésel, pero tu cliente gasta menos porque la economía se contrajo.
Si ahorras o inviertes, una inflación acumulada de 1.50% en cinco quincenas se come los rendimientos. Hay que poner el dinero a trabajar.
Las próximas mediciones de INEGI van a ser clave para separar el ruido externo del daño que ya estaba ahí. Y ojo a Banxico que hoy ve qué le hace a la tasa en México.
Con la estanflación pasa como con los resfriados: para cuando confirmas que la tienes, ya contagió todo. El problema es que todavía no sabemos si esto es resfrío o solo alergia de temporada.


