En noviembre, a Amazon le dio un microinfarto.
Como encontró que usuarios andaban mandando a sus bots a comprar en las cuentas Prime, metió un documento legal para que eso dejara de pasar.
Y le salió la jugada.
Un juez federal en San Francisco acaba de meterle el freno de mano a Perplexity AI y a su bot de compras, Comet.
¿Por qué hizo eso? Amazon dice que el que un bot entre a las cuentas de los usuarios es riesgoso.
¿De verdad?
Sí, pero detrás del argumento de Amazon hay algo más.
Andy Jassy (CEO), lo ha dicho: si un bot entra a las cuentas de los usuarios a hacer las compras, Amazon se queda sin poder acumular datos de compra y, lo más importante, sin poder vender publicidad.
Esos espacios publicitarios (como las ofertas relámpago) no valen nada si solo los ven agentes IA, no humanos.
Y si tú le pides a un agente que vaya y te compre unos audífonos, el agente IA irá al grano: te comprará los audífonos y ya. Ese detalle amenaza un mercado de publicidad digital que vale 350,000 millones de dólares en Estados Unidos.
Si los bots entran, puede que las compras se hagan más fáciles para los usuarios, pero el negocio como lo conocemos de publicidad en comercio electrónico se desploma.
¿Qué pasa ahora?
Piénsalo desde el frente mexicano.
Miles de pymes nacionales en Amazon o Mercado Libre sobreviven pagando anuncios internos para no quedar enterradas en la página 20 de resultados.
Si en algunos años la mitad de las compras de la clase media mexicana las hace un algoritmo que ignora la publicidad, la guerra del retail cambia de territorio.
Para Amazon: es la clásica apuesta de la casa. Amazon usa la corte para frenar a la competencia mientras afila en secreto su propio agente de compras.
Porque claro que está trabajando en el suyo.
Ahora le toca a Perplexity responder. Tiene una semana para hacerlo.
Pronto pagaremos una suscripción para que nuestro bot se agarre a insultos binarios con el algoritmo de Amazon nomás para conseguirnos el papel de baño con descuento.


