Los medicamentos contra obesidad están de moda.

Así que toca preguntarse: ¿qué harán las marcas de comida?

Ahí te va: 23% de los hogares gringos ya tiene a alguien usando medicamentos GLP-1 (como Ozempic) para bajar de peso.

Esa es una bronca porque el fármaco apaga el antojo desde el cerebro. El gasto en papitas se hunde 10.1% y la comida rápida cae 8%.

El porcentaje no deja de crecer. Y eso le mueve el piso a las marcas.

La duda: ¿cuál será su movimiento? ¿Cómo capitalizar el cambio de consumo?

Axis Negocios juntó lo que se sabe hasta ahora:

  • Bimbo ya dijo que están reformulando portafolio para adecuarse a usuarios de las GLP-1. Es decir, más fibra y proteína (y menos azúcar).

  • Sigma, reyes del jamón y el yogurt, quieren que sus embutidos altos en proteína sean el salvavidas (los GLP-1 hacen que se pierda hasta 39% de masa muscular).

  • Alsea, el operador de Starbucks y Domino's, dice que en México y Europa aún no siente el golpe, pero ya están moviendo sus piezas hacia opciones proteicas en Starbucks.

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¿Por qué importa?

En el mediano plazo, el modelo de vender millones de calorías baratas entrará a terapia intensiva.

Para tu experiencia: prepárate para ver los estantes del súper inundados de etiquetas que gritan “Alto en proteína", así sea una dona o un cuernito.

El riesgo es la apuesta depende de la disciplina ajena.

El 34% de los usuarios abandona el tratamiento de fármacos contra obesidad, y cuando lo hacen, el consumo de dulces rebota un 11.4%.

Básicamente, el modelo de negocio tiene una variable: esperar a que el paciente se canse de inyectarse.

Es la ironía definitiva: gastamos billones de dólares en ingeniería alimentaria para hacernos adictos al azúcar, solo para gastar otros billones en fármacos que nos ayuden a ignorar el pasillo de los pastelitos.

Comper, voy por una dona, del puro coraje.

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