Y ese es el datazo base para entender todo el alboroto del fracking.
En México le compramos a Estados Unidos 6,500 millones de pies cúbicos de gas al día y eso es tres cuartas partes de lo que usamos.
¿Para qué? Muchas cosas. Principalmente para la luz: 61% de la electricidad de México se genera en plantas que queman gas para producir corriente.
¿Cómo depender menos de eso? Teniendo más gas. ¿Cómo tenemos más gas?
Bienvenido a la opción antes impensable y que ahora baraja el gobierno: hacer fracking. Un comité científico ya entregó su primer informe sobre si haremos fracking o no y, según Reuters, los primeros proyectos piloto arrancarían en Coahuila y Tamaulipas tan pronto como en septiembre.
Sí, sí… pero ¿qué es el fracking?
Es la técnica (súper polémica) para sacar el gas atrapado en roca tan compacta que no sale con un pozo normal: se perfora, se inyecta agua con arena a presión, la roca se rompe y el gas sale por las grietas.
¿El problema? El agua. Cada pozo usa millones de litros. Por eso la recomendación técnica parece ser hacerlo solo donde el subsuelo tenga agua salada.
Con eso ya entiendes el anuncio de la semana pasada: en Tampico-Misantla, una zona del subsuelo rica en gas entre Veracruz y Tamaulipas, quedó descartado el fracking.
Pero hay dos zonas en estudio: Burgos y Sabinas-Burro-Picachos, que están más al norte, entre Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. Guardan el 85% de ese gas atrapado en roca. O sea: el veto deja fuera solo el 15% del gas.
Y a estas alturas, seguro te preguntas: ¿por qué no sacar más gas normal y ya?
Porque no alcanza.
Según los cálculos del propio comité, aun exprimiendo al máximo los pozos tradicionales, la dependencia con Estados Unidos bajaría de 75% a 50%.
¿Por qué importa?
Estamos hablando del talón de Aquiles energético del país (uno de varios): México guarda gas para 2.4 días.
Para comparación: España para 34, Alemania para 89. En la helada de Texas de 2021, el norte de México se quedó sin luz.
Para la relación con Estados Unidos: México es el mayor comprador de gas estadounidense en el mundo. En tiempos de aranceles y renegociación del T-MEC, esa manguera es una carta que hoy solo juega Washington.
El gas es como nuestra contraseña compartida de Netflix: cómoda, barata. Pero también vivimos a un cambio de contraseña de quedarnos sin nada.


